Tal como prometido, este es mi penúltima entrada sobre mi viaje en la que relataré la pascua polaca junto con algunos lados que visité en mi último día. Para aprovechar de gastar los últimos zlotych que tenía, fui a Silesia City Centre, un mall bastante grande con un supermercado y tiendas. Pero antes de eso, recorrí Nikiszowiec, un barrio diseñado completamente para los mineros (una especie de Sewell pero sin el sistema de fichas ni nada), construido en un estilo muy “silesio”, que son los ladrillos rojos que verán en algunas fotos. Me contaban que la gente del sector se siente muy orgullosa de vivir en este barrio y trata de preservarlo lo más que pueda. La gracia es que tiene patios interiores en los departamentos que son muy grandes y permiten a los niños jugar tranquilos.
Luego de esto, fuimos a almorzar a casa panqueques de papa, los cuales se comen generalmente con crema ácida, salsa de champiñones y pimienta (como ven, los champiñones y pimienta son un clásico de la comida polaca) o crema ácida y azúcar. De todas maneras, es un plato digno de probar y que quizás me gustaría intentar hacer en casa ya que es muy simple de preparar (aunque hay que tener una especie de minipimer para preparar los panqueques de papa). Después, partimos a la bendición de los huevos. Son ceremonias que ocurren cada 15 minutos en las iglesias y en cada ocasión, esta lleno de gente de todas las edades (no necesariamente católicos practicantes) con sus canastos. Fue bastante breve la ceremonia y el padre pasaba bendiciendo las canastas y con una bendición final, le dio fin. Salimos de la Iglesia y dimos otra vuelta final por Gliwice ya que todo estaba por cerrar, incluyendo la torre de radio, una de las estructuras de madera que todavía persiste y que, al parecer, es una de las más altas del mundo. En esta torre, se dio lugar a un incidente orquestado por los nazis en la II Guerra Mundial en donde alemanes se hicieron pasar por polacos y transmitieron un mensaje anti-alemán en polaco, lo cual produjo una fuerte represión a personas que ya tenían como sospechosas. Este ataque fue un día antes de la invasión alemana a Polonia, el 1º de septiembre de 1939.
Regresamos a casa y nos quedamos viendo tv polaca. Puedo decir que entiendo a lo más 10% de lo que dicen (generalmente palabras muy parecidas al español o palabras que he aprendido en el camino). Una cosa que ayuda es que las películas y series (salvo las infantiles) no están dobladas ni subtituladas, sino que una voz masculina neutra llamada “lektor” relata los diálogos. Sí, al principio me parecía raro porque se escuchaban los diálogos originales y luego bajaba el volumen cuando relataba el lektor. Generalmente ponía atención a lo que decían en inglés y luego al relato. También, vi un programa de cocina en dialecto silesio, que contiene muchas palabras en alemán y que incluso mis anfitriones no podían traducir al polaco estándar. Pese a no entenderlo, me causó mucha gracia.
Creo que una de las grandes similitudes que aprecié entre Polonia y Chile, al menos por mi experiencia, es que la comida de la noche es bastante liviana. Ah, y el consumo de té (herbata en polaco).
Al día siguiente (es decir ayer), me levanté bastante temprano con una noticia no muy buena (el abuelo de mi amiga falleció luego de un largo tiempo estando enfermo), pero realizaron el desayuno de pascuas de todas maneras. Los abuelos fueron invitados y fue una experiencia muy interesante, especialmente cuando nos introducimos. Decidí introducirme en polaco, tanto como Cristóbal pero también utilizando el equivalente polaco, Krzysztof (Kllishtof), lo que les causó bastante gracia. Hablamos siempre utilizando una mezcla de polaco con inglés y muchas veces podía entender las conversaciones. Los abuelos estaban muy interesados sobre mi país y la cultura chilena (la cual incluso probaron con un cuchuflí bañado en chocolate –al parecer, el dulce de leche o manjar existe de otra manera en Polonia, como caramelo llamado Krówka–). El desayuno comenzó compartiendo un huevo duro entre todos y luego pasamos a sentarnos a la mesa a comer: había una mesa de jamones y salchichas (algunos de ellas hechos en casa), paté casero, vienesa blanca con papas y cebolla, una pasta de betarraga y rábano picante, ensalada de choclo y cebolla y muchos huevos duros. Para postre, había cuchuflí y diversas tortas, todas ellas muy ricas. De ahí, fui mi momento de despedirme de Szalsza y llegar a Cracovia, donde me esperaba una nieve de despedida. En algunas partes de la carretera, esta ya estaba en el suelo, pero en el aeropuerto, no. Llegó el momento de despedirme de mis amigas y nos dijimos un hasta pronto, más que chao o adiós.
Mi viaje de vuelta fue sin problemas y en este minuto, lo único con que estoy lidiando es un con un leve dolor de garganta y el famoso jetlag.
Para el próximo post, haré mi resumen de mis experiencias, hablando más de impresiones de la gente en general, más de los lugares.
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