Reseña de película: Wszystko, co kocham (Todo lo que amo / Aquello que amamos)

Título: Wszystko, co kocham (Todo lo que amo / Aquello que amamos)

Año de estreno: 2009

Género: Drama

País: Polonia

Director: Jacek Borcuch

Disculpen por la falta de actualizaciones, pero hace unas semanas, entré a trabajar y me he estado acostumbrado al ritmo laboral lentamente. Pero, me he hecho un tiempo ahora (viva el fin de semana) para ver esta película y luego reseñarla acá. Esta película está ambientada en los años 80s en Polonia, durante las protestas sindicales que llegaron a ser tan intensas que el gobierno comunista decretó ley marcial. Esta película trae una visión más alternativa a la situación: el protagonista, Janek (Mateusz Kościukiewicz), es hijo de un oficial de la armada (Andrzej Chyra) que lidera un grupo de música rock punk, con fuerte mensajes contestatarios.

Este grupo es también conformado por su hermano menor y más tranquilo, Staszek (Mateusz Banasiuk), y sus amigos Kazik (Jakub Gierszał) y Diabeł (Igor Obłoza). Janek y sus amigos se encuentran en el último año de colegio por lo que las emociones corren rápido por su sangre: la presión por estudiar algo o ser alguien dentro de la norma chocan con el deseo de libertad política, sexual y mental. Janek se enamorará de Basia (Olga Frycz), una compañera de colegio cuyo padre es prisionero político (era miembro de la organización sindical Solidaridad) y desconfía fuertemente de los uniformados.

Así, la dimensión emotiva de la vida de él se mezcla con la política: Janek debe cuidarse bien para no ser reprendido pero la adrenalina le permite transgreder. En realidad, casi todos los personajes forman parte de la transgresión, tanto directa como indirectamente. La vida de ellos será afectada fuertemente con la instauración de la ley marcial: algunos sueños se verán derrumbados y las ganas de romper barreras para evitar el colapso total crece impactantemente.

Es una película estéticamente muy buena (tanto en la fotografía como en la música) como también abre una puerta a una realidad con la cual países como Chile puede empatizar bastante. Les dejo el trailer de la película con subtítulos en castellano.

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Música polaca: happysad

Este grupo, tal vez, no sea de gusto muy popular porque primero cantan en polaco y el estilo musical tampoco lo es (ok, la próxima vez reseño un grupo que canta en inglés o en castellano). Sin embargo, es un grupo con canciones muy pegajosas y con un ritmo de música que motiva mucho a hacer cosas. Este es happysad.

El grupo está compuesto por 5 integrantes: Jakub “Quka” Kawalec (vocalista, escritor de las canciones y guitarrista), Łukasz “Pan Latawiec” Cegliński (guitarrista), Artur “Artour” Telka (bajista), Jarosław “Dubin” Dubiński (baterista) y Daniel Pomorski (instrumentos de viento y trompetista) y se reúnen en Skarżysko-Kamienna en 1995. En el año 2001, eso sí, se organizan como happysad y 3 años después, lanzan su primer álbum, Wszystko jedno (lit. todos iguales), el cual se convierte en éxito instantáneo. El fuerte de ellos son sus conciertos, especialmente los de Juwenalia (tradición polaca universitaria en que a fines de mayo, se organizan conciertos masivos por los centros de estudiantes para conmemorar el fin de clases y comienzo de los exámenes finales). Tal como pueden suponer, lo de ellos es el rock melódico, que bordea con el punk y reggae y, obviamente, letras que hacen sacar el młody gniewny (muó-di gñe-vnih; o joven rebelde) dentro de todos. Música perfecta para trabajar en algo que uno no tiene muchas ganas de hacer.

Una de mis canciones preferidas es “Tak mija czas” (Cómo pasa el tiempo), una canción que, a mi parecer, juega mucho con las letras y el ritmo de ella. Las letras serán bastante simples (clic para leer una traducción al inglés) pero encuentro ingenioso que hablen del pasar del tiempo inicialmente a un ritmo lento para luego terminar con uno más rápido; haciendo, probablemente una analogía a la percepción temporal que tenemos en los inicios de nuestras vidas y la que tenemos ahora, en la adultez.

Tak właśnie mija nas – Solo nos pasa así
Tak właśnie mija nas czas – El tiempo pasa así sobre nosotros

Los dejo con el video de la canción:

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5 libros de ficción que más me han marcado

Tal como hace Nat en Natified, esta entrada será dedicada a 5 libros de ficción (más un bonus track que será para después) que me han sido importantes en mi vida. Hay más, pero estos 5 siempre estarán conmigo a donde vaya. Son libros que he leído tanto en el colegio o en la vida. Están ordenados de acuerdo a la fecha que los leí. Me es indiferente si algunos son cliché, pero todos ellos tienen elementos en común: personajes con los que son fácil de identificarse, buena ambientación, una historia interesante.

  1. Demian de Hermann Hesse:
    Creo que es uno de los clásicos de la adolescencia. Una historia que fue escrita por Hesse bajo el seudónimo del personaje principal, Emil Sinclair. Ambientada en la Alemania antes y durante la I Guerra Mundial, se relata la adolescencia de Emil, un joven de buena situación y que conoce a Max Demian, un compañero de colegio que le ayuda a reflexionar sobre el mundo luminoso y el mundo real. Aquella reflexión llega a ser un poco reveladora porque me introdujo muchos conceptos que ahora utilizo constantemente en mis escritos académicos, como también es un perfecto reflejo del mundo académico de comienzos del siglo XX: el interés por el psicoanálisis, las culturas del Oriente que atraen fuertemente de manera sensitiva, la confusión y crisis emocional que traen las guerras en los habitantes afectados por ella. Es un libro del tipo rito de paso, en el sentido de que marcó el cambio de las lecturas en el futuro. No bastaba con aprenderse lo que sucedía, los personajes y quién dijo qué; lo importante era dar una interpretación fundamentada sobre alguna escena, buscar información del autor y situarlo en un contexto temporal, social y político.
  2. El túnel de Ernesto Sábato:
    Otro libro que leí en el colegio. La ambientación del libro es fantástica: Buenos Aires de los años 40. Un pintor, Juan Pablo Castel, sumido en el pesimismo conoce a alguien, María Iribarne, con quien empatiza inmediatamente (luego de darse cuenta de un detalle que nadie había percibido antes) y comienza una relación obsesiva que se capitula con el asesinato de María por parte de Juan Pablo. Un clásico de “la maté porque era mía”, pero con un desarrollo de los personajes más profundo. Una invitación a fijarse en aquellos pequeños detalles de la vida que nos permite conocer profundamente a otros (tal vez, no terminen como María pero sí podrán conocer mejor a las personas).
  3. Everything is Illuminated de Jonathan Safran Foer:
    Realismo mágico conoce al posmodernismo acompañado de uno de los personajes más divertidos que he leído. Muchos conocen este libro por la película del mismo nombre con Elijah Wood y Eugene Hütz de Gogol Bordello. Esta es la historia de 2 familias en Ucrania, desde el siglo XVIII al XX: una de ellas judía y la otra no, cuyos caminos se encontrarán durante la II Guerra Mundial. No volverán a reunirse hasta mucho después, cuando “Jonathan”, un judío estadounidense vegetariano y con un leve transtorno obsesivo-compulsivo, decida buscar en Ucrania a la persona que salvó la vida de su abuelo durante el holocausto. En esta travesía será acompañado por 3 personajes: Alexander Perchov, su guía turístico, interesado en el rap y que habla un inglés muy particular, su misántropo abuelo y chofer y Sammy Davies Jr., Jr. la “loca perra vidente” del abuelo. En este libro, Alex se roba la escena por su mirada, un poco naïf, pero a la vez partícipe del gran descubrimiento sobre la historia de la familia de “Jonathan” y, cómo no, su historia en la tragedia que significó la II Guerra Mundial. Es un libro que te hace reír y emocionarte en menos de 5 páginas.
  4. The Kite Runner (Cometas en el cielo) de Khaled Hosseini:
    No sabía si destacarlo o no porque si bien tiene un final un poco cliché, es un libro hermoso por donde se lo mire. Más aún, luego de poder leer la novela gráfica (ilustrada por Fabio Celoni y Mirka Andolfo), es un libro que sigue emocionándome.Cometas en el cielo cuenta la historia de dos niños, Amir y Hassan, de distintas etnias en el Afganistán de los años 70. La principal diferencia, más allá de la etnia, es que uno de ellos es hijo del empleado doméstico de la familia del otro; sin embargo, tienen una relación de amistad que se verá dañada por 2 eventos significativos que marcarán un distanciamiento casi eterno de ambos. Sin embargo, por la década del 2000, aquellos caminos volverán a unirse tras la búsqueda de un pasado que está aparentemente desaparecido físicamente (por los taliban), pero que todavía estará presente en la memoria de los protagonistas.
  5. Blankets de Craig Thompson:
    La única novela gráfica de la lista. Una historia autobiográfica sobre un joven viviendo en el Midwest estadounidense en una familia bastante religiosa. Una persona con diversas malas experiencias en la vida que se verán disipadas cuando conoce a una chica, Raina, en un campamento cristiano. Ambos se enamoran, descubren ser muy parecidos y Craig se va por unas semanas a lo de Raina. Sin embargo, es ahí donde se notan las diferencias en estructuras familiares pero generando un vínculo emocional muy fuerte. Las ilustraciones son minuciosas y hermosas, dándole un peso mayor a la historia (además que son muy parecidas al estilo francobelga de hacer novelas gráficas). Es otra de esas historias para emocionarse y que muestra el recorrido de la juventud a la adultez (solo que acá si se muestra la etapa adulta en pleno).

¡Espero sus comentarios!

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Reseña de películas: Medianeras

Título: Medianeras (Sidewalls)

Año de estreno: 2011

Género: Drama

País: Argentina

Director: Gustavo Taretto

Luego de llegar de mi viaje, revisando distintos sitios (luego de consultar otros de trabajo), me topé con esta película argentina. Como buen entusiasta del cine argentino, decidí profundizar en ella y me encuentro con la sorpresa que se puede ver gratis y legalmente desde este sitio (solo en ciertos países, lamentablemente). Así da gusto conocer más sobre el cine (lamentablemente, en Chile, las películas de nuestro país vecino llegan tarde, mal y nunca). Como bien sale en el cartel, es un drama romántico sobre “Buenos Aires en los tiempos del amor virtual”. La historia se centra en dos personajes: Martín (Javier Drolas) y Mariana (Pilar López de Ayala). Ambos viven abrumados por edificios con ventanas pequeñas, malas experiencias en el amor, problemas psiquiátricos, horarios irregulares dados por el teletrabajo y una supuesta interconectividad (reflejada en los edificios, cables y postes eléctricos, medios de comunicación) que, al parecer, nos trae más soledad no elegida. Viven tan cerca pero todavía no se conocen y distintas circunstancias harán que un encuentro fortuito no sea posible.

Pese a que la película no se caracteriza por ser cien por ciento ágil, es una película con la cual es fácil de identificarse. Muestra tanto lo bueno como lo malo de la modernidad: la ilusión de la interconexión y cómo al compartir más espacios (como sucede con las torres de edificios), nos aislamos más. No obstante, aquel aislamiento también permite darse cuenta de que no somos los únicos que nos sentimos así; sino que hay más gente en condiciones similares a las de uno y eso permite romper los muros y acercarnos mutuamente. Lo dicho anteriormente es reflejado en el título: las medianeras son las murallas que generalmente se utilizan para publicidad en los edificios porteños y quizás aislen al mundo con bloques de cemento, publicidades que cuentan los metros para acercarse a un restaurante de comida rápida o un supermercado; pero dentro de ellos, se asoman interrupciones o ventanas (pequeñas eso sí) que otorgan un respiro a sus inquilinos y permiten una conexión directa con otros.

A continuación, les dejo el avance de la película por si se entusiasman.

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Resumen del viaje

¿Qué decir de mi viaje? Fue un montón de nuevas experiencias, reencuentros y también de expansión de mi círculo de amistades y conocidos. Nuevos sabores, edificios, calles e incluso medios de transportes (poco comunes para alguien acostumbrado a la micro, bus y metro para moverse alrededor). Fue una experiencia “redonda”.

[Nota: en lo que sigue, quizás peque de abusar de lugares comunes, estereotipos y percepciones personales sin mayor fundamento técnico, sin embargo creo que una mirada personal también puede ser interesante].

Todavía me acuerdo de algunas cosas que me decían antes de empezar del viaje y que desmentí in situ. Una de ellas la similitud entre flamencos y holandeses. Trataré de ser lo más imparcial posible porque ambos grupos tienen elementos o características que me acomodan bastante. En el caso de los flamencos, me gusta su actitud bastante tranquila (más aún luego de mi experiencia en el vuelo de Frankfurt a Madrid) y callada; algo muy diferente de los holandeses, que tienden a ser más expresivos. Sin embargo, con los holandeses resultaba más fácil hablar de distintos temas, desde los más serios a más banales; algo que me encanta como actitud en la gente. Otra gran diferencia es en el lenguaje: es más común tutear y utilizar lenguaje más informal con desconocidos (como gente en la tienda o en el tren) en Holanda que en Bélgica, aunque en inglés no existe esa diferencia clara (como sí la tenemos en español y en este caso, holandés: je sería más informal que u -ej. dank je / dank u; ambos significan gracias-).

También he podido clarificar muchas cosas e ideas que se tenían (o que incluso yo tenía) de Polonia, resultando ser un lugar bastante familiar, como chileno. Antes que nada: el rol del té. En ambas casas, tomé mucho té y en cualquier ocasión: mañana, media mañana, tarde, noche. A su vez, juega un rol social. Nos sentábamos a tomar té y convesar, acompañándolo de algún dulce o torta. Pese a que en Polonia, todo comienza más temprano (amanecía a las 5 de la madrugada, aproximadamente -en primavera; en invierno, es bastante más tarde-), una importante similitud era el ritmo de las comidas. Por donde estuve, la comida importante era el almuerzo (una gran diferencia con lo que estaba acostumbrado en Bélgica y Holanda, en donde mi almuerzo era más liviano y comía algo más contundente en la comida) y en la noche, se hacía una especie de once comida… tal como en casa. Quizás era un poco diferente por la variedad de comida, pero se mantenía la idea de comer sandwiches o dulces acompañados de… té (o también, cerveza). Junto con eso, resulta interesante la percepción de los lugares residenciales. Los edificios no se parecen para nada a los chilenos y en los edificios de departamentos, muchas veces parecen descuidados por fuera o algunos construidos entre los 60s y 80s; pero, por dentro, son bastante modernos y bien cuidados. Al parecer, la renovación de espacios es una afición muy popular en Polonia (lo cual también lo comprobé en la televisión).

Otro aspecto que me llamó la atención es algo más lingüístico. En Polonia, vi muchos españoles que no sabían inglés y por ende, ignoraban muchas instrucciones. Pese a que el número de gente que aprende español en Polonia crece cada vez más (en muchos colegios secundarios, es ofrecido como segunda lengua extranjera y es posible rendir un examen al final del colegio en español -matura, algo así como nuestra PSU pero con diversos módulos-), soy de los que creen que aprender palabras básicas en el idioma local no está para nada de mal y puede sacarte de más de un apuro. Una de las palabras más comunes es “prosze” (próshe), que significa tanto por favor, de nada y también es una palabra que se escucha al comienzo de ser atendido por alguien en una tienda. “Dzień dobry” (Llin dóbrih -la última i es más cerrada-) quiere decir “buen día”. “Przepraszam” (plleprásham) equivale a “permiso” o “disculpe”. “Do widzenia” (do vidzénia), “hasta luego”.”Tak” es “sí” y “nie”, no”. Curiosamente, “no” también algo significa como “sí”. “Dziękuję” (llenkúje) es “gracias”. Y, una palabra que me sacó bastante de apuros era “to”, que quiere decir “esto”. Bien útil si uno quiere pedir algo en un restaurante o supermercado y no se sabe el nombre.

Con esta breve clase de polaco, es hora de terminar las entradas especiales del viaje. Quizás volverán de vez en cuando, pero por ahora… es tiempo de escribir otras más originales, pero manteniendo este cruce de distintos temas, como pueden ser la historia, cultura popular, medios, entre otros.

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Parte 16: La pascua y do widzenia, Polsko

Tal como prometido, este es mi penúltima entrada sobre mi viaje en la que relataré la pascua polaca junto con algunos lados que visité en mi último día. Para aprovechar de gastar los últimos zlotych que tenía, fui a Silesia City Centre, un mall bastante grande con un supermercado y tiendas. Pero antes de eso, recorrí Nikiszowiec, un barrio diseñado completamente para los mineros (una especie de Sewell pero sin el sistema de fichas ni nada), construido en un estilo muy “silesio”, que son los ladrillos rojos que verán en algunas fotos. Me contaban que la gente del sector se siente muy orgullosa de vivir en este barrio y trata de preservarlo lo más que pueda. La gracia es que tiene patios interiores en los departamentos que son muy grandes y permiten a los niños jugar tranquilos.

Luego de esto, fuimos a almorzar a casa panqueques de papa, los cuales se comen generalmente con crema ácida, salsa de champiñones y pimienta (como ven, los champiñones y pimienta son un clásico de la comida polaca) o crema ácida y azúcar. De todas maneras, es un plato digno de probar y que quizás me gustaría intentar hacer en casa ya que es muy simple de preparar (aunque hay que tener una especie de minipimer para preparar los panqueques de papa). Después, partimos a la bendición de los huevos. Son ceremonias que ocurren cada 15 minutos en las iglesias y en cada ocasión, esta lleno de gente de todas las edades (no necesariamente católicos practicantes) con sus canastos. Fue bastante breve la ceremonia y el padre pasaba bendiciendo las canastas y con una bendición final, le dio fin. Salimos de la Iglesia y dimos otra vuelta final por Gliwice ya que todo estaba por cerrar, incluyendo la torre de radio, una de las estructuras de madera que todavía persiste y que, al parecer, es una de las más altas del mundo. En esta torre, se dio lugar a un incidente orquestado por los nazis en la II Guerra Mundial en donde alemanes se hicieron pasar por polacos y transmitieron un mensaje anti-alemán en polaco, lo cual produjo una fuerte represión a personas que ya tenían como sospechosas. Este ataque fue un día antes de la invasión alemana a Polonia, el 1º de septiembre de 1939.

Regresamos a casa y nos quedamos viendo tv polaca. Puedo decir que entiendo a lo más 10% de lo que dicen (generalmente palabras muy parecidas al español o palabras que he aprendido en el camino). Una cosa que ayuda es que las películas y series (salvo las infantiles) no están dobladas ni subtituladas, sino que una voz masculina neutra llamada “lektor” relata los diálogos. Sí, al principio me parecía raro porque se escuchaban los diálogos originales y luego bajaba el volumen cuando relataba el lektor. Generalmente ponía atención a lo que decían en inglés y luego al relato. También, vi un programa de cocina en dialecto silesio, que contiene muchas palabras en alemán y que incluso mis anfitriones no podían traducir al polaco estándar. Pese a no entenderlo, me causó mucha gracia.

Creo que una de las grandes similitudes que aprecié entre Polonia y Chile, al menos por mi experiencia, es que la comida de la noche es bastante liviana. Ah, y el consumo de té (herbata en polaco).

Al día siguiente (es decir ayer), me levanté bastante temprano con una noticia no muy buena (el abuelo de mi amiga falleció luego de un largo tiempo estando enfermo), pero realizaron el desayuno de pascuas de todas maneras. Los abuelos fueron invitados y fue una experiencia muy interesante, especialmente cuando nos introducimos. Decidí introducirme en polaco, tanto como Cristóbal pero también utilizando el equivalente polaco, Krzysztof (Kllishtof), lo que les causó bastante gracia. Hablamos siempre utilizando una mezcla de polaco con inglés y muchas veces podía entender las conversaciones. Los abuelos estaban muy interesados sobre mi país y la cultura chilena (la cual incluso probaron con un cuchuflí bañado en chocolate –al parecer, el dulce de leche o manjar existe de otra manera en Polonia, como caramelo llamado Krówka–). El desayuno comenzó compartiendo un huevo duro entre todos y luego pasamos a sentarnos a la mesa a comer: había una mesa de jamones y salchichas (algunos de ellas hechos en casa), paté casero, vienesa blanca con papas y cebolla, una pasta de betarraga y rábano picante, ensalada de choclo y cebolla y muchos huevos duros. Para postre, había cuchuflí y diversas tortas, todas ellas muy ricas. De ahí, fui mi momento de despedirme de Szalsza y llegar a Cracovia, donde me esperaba una nieve de despedida. En algunas partes de la carretera, esta ya estaba en el suelo, pero en el aeropuerto, no. Llegó el momento de despedirme de mis amigas y nos dijimos un hasta pronto, más que chao o adiós.

Mi viaje de vuelta fue sin problemas y en este minuto, lo único con que estoy lidiando es un con un leve dolor de garganta y el famoso jetlag.

Para el próximo post, haré mi resumen de mis experiencias, hablando más de impresiones de la gente en general, más de los lugares.

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Parte 15: Gliwice

Hoy fui a conocer una nueva ciudad, que es la última parada de este viaje ya que es acá donde pasaré la Pascua polaca y desde donde partiré de regreso a casa. Este lugar es Gliwice y es una ciudad que queda a 105km de Cracovia. Para llegar acá, tomé un tren desde Cracovia el cual era un poco antiguo, pero me fui cómodo y sin problemas con mi maleta. Magda me pasó a buscar de la estación y partimos inmediatamente a su casa donde estaban sus padres. Me he sentido como en casa acá, quizás preparándome para la vuelta a casa pero ha sido una experiencia muy interesante ya que nos hemos quedado hablando harto sobre más bien las similitudes entre Polonia y Chile. Luego de tomar un té, partimos al centro de Gliwice que es bien chico y aprovechamos de visitar el museo municipal, que contenía diversos artículos de la vida diaria de Gliwice. Esta ciudad pertenece a la región de Silesia, una zona bastante industrial (por la minería del carbón) y eso le entrega un sello especial a esta región. También, en esta zona por algún tiempo se hablaba alemán dando un sello especial a esta región. Luego, pasamos a almorzar a un bar (algo así como las picadas de Chile, con comida muy tradicional, contundente y a bajos precios). Magda almorzó pierogi ruskie y yo, pasta con pimienta, repollo y champiñones (la mezcla clásica). De ahí, caminamos por la calle principal y el parque y regresamos porque había que pintar huevos para la bendición de los huevos, hoy. Luego de hacer esto, fuimos a un centro comercial a comprar el queso de los campesinos u Oscypek, un clásico polaco (un queso con una presentación muy bonita), para la comida. Lo bueno es que acá tampoco hacen una comida muy contundente (como en Bélgica y Holanda), lo que me acomodó bastante y me recordó a mi casa. Comimos acompañados de una cerveza artesanal de Gliwice y luego seguimos conversando y probé la Nalewka, un bajativo hecho de frutas que envejece por un tiempo. Perfecto para este día bastante helado y nublado.

Y hoy comienzan las preparaciones para la pascua polaca con todo. Espero poder escribir mañana desde los aeropuertos sobre esta fiesta interesante.

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